Desde la Delegación de Cultura seguimos con la publicación de Curiosidades e Historia de Aznalcóllar, reflejadas en el Manuscrito de Miguel Navarro.
En este capítulo la ermita es testigo de unas de las acciones de las tropas de los franceses.
Añadimos una pequeña reseña de lo acontecido en dicha ermita en fechas cercanas , la historia sucedida el 24 de diciembre de 1783 y el 18 de noviembre de 1823, contada en el libro de Antonio Gómez Azeves de 1864.
En este libro nos narra la visita de una familia noble bretona procedente de Sevilla ,la cual venía acompañada de toda su comitiva, atraídos por las brillantes funciones que los vecinos de Aznalcóllar hacían a la Virgen de Fuentes Claras, para darle gracias por la salud de sus familias, cosechas, ect…También se acercaban devotos de Gerena, Salteras, Olivares, Albaida, Castilleja, Escacena , entre otros. Dicho día se celebró la Misa del Gallo en la ermita.
En 1823 dos caballeros franceses, de la comitiva de S.A.R. Luis Antonio de Borbón, iniciaron de nuevo el recorrido desde Sevilla a Aznalcóllar en busca de dicha ermita .
Dichos caballeros ahora regresaban para cumplir la última voluntad de su madre y recordad aquella misa del gallo del 1783, al llegar pudieron contemplar el estado ruinoso de la ermita, un pastor al verles los reconoció y les pudo contar con detalles de como fue esa noche.
Tuvieron la suerte de ver a la Virgen en su ermita , ya que volvió después de tener que abandorla por las tentativas de quemarla años atrás por parte de las tropas francesas.
Años después, la trasladaron a la Iglesia de Aznalcóllar, por el mal
estado de la ermita.

– Transcripción: ……….. NOTA. Fue cosa mui particular que los franceses nunca entraran en la Hermita de Nuestra Madre y Señora de Fuentesclaras, y me dijo la santera María Pérez, que el día de la Ascensión 7 de Mayo de 1812 día mui pesado para este pueblo, como se dice al folio 137 que pasando la división por la vereda llevaban cogido todo el campo, y que estando ella sola, y un niño chillando en la cuna, arrempujaron las puertas con mucha furia, y con los frailes por debajo apalancando y nomás pudieron abrir, y que en este tiempo no lloró el Niño que era lo que sentía, y se fueron […] que ni en esta ocasión ni en otras muchas que fueron por allí pudieron entrar aunque siempre lo intentaban, y que lo que hacía era encerrarse dentro, y atrancar las puertas, y estarse callada, y así siempre quedó bien a Dios gracias.

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